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Chespiritu de la Bolsa
17 de septiembre de 2009
política monetaria contractiva III
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15 de agosto de 2009
politica monetaria contractiva II
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Tal vez el hecho de que la economia tuvo inflacion a la par que una politica monetaria contractiva, obscurecio el hecho de que si las tasas nominales largas aumentaban a mayor ritmo que los precios (o que algunos precios, lo que seria mas adecuado decir pues la contractividad implica la relacion de las tasas reales largas de interes en terminos de ciertos bienes y no todos, en general), ello implicaba un aumento en las tasas reales de interes largas, es decir la consecuencia simple de una politica contractiva.
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Al mismo tiempo, mientras las tasas reales largas de interes aumentaban, las tasas reales de interes cortas se hicieron negativas cada vez más, como aquellas más altas.
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En otro momento tal vez se intente explicar la relacion entre esta politica monetaria contractiva y la expansividad de la politica fiscal que tuvo lugar y que consistio basicamente en proteger el riesgo de iliquidez para la formacion de carteras crediticias, respecto del riesgo de la misma clase que el aumento en ciertos precios (causado por la politica monetaria contractiva o regimen monetario: BCRA y retenciones, estanflacionarios desde muy temprano) habria tenido para el recupero de algunas carteras y por ende, su liquidez-iliquidez.
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13 de agosto de 2009
política monetaria contractiva
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9 de agosto de 2009
Dependencia entre Regímenes y la Teoría de las Políticas de Estabilización
La Teoría de las Políticas de Estabilización (a veces considerada teoría macroeconómica, con o sin justicia), ha seguido la muy desafortunada situación de la separación, o el aislamiento, del análisis de los Regímenes Monetarios¹.
Como su nombre permite entender, las (muy diversas) políticas de estabilización tienen su sentido en relación al ciclo económico; de ahí que lo que hacen, es estabilizar el proceso socio-económico cuando éste sigue alguna clase² de patrón cíclico.
El hecho de la constitución de fondos fiscales anticíclicos en las economías que en los últimos años siguieron regímenes de flotación-metas de inflación, fué compatible con los amplios aumentos del gasto público en Argentina, economía que siguió por el contrario, un regimen discrecional.
Eso porque durante los años de la inversión de la curva mundial de rendimientos, ambas clases de regímenes (el discrecional de Argentina y el flotador de los emergentes) se encontraron sujetos a situaciones, practicamente hablando, imposibles de comparar respecto de la ciclicidad en su proceso socio-económico.
De manera que, la interpretación del aumento del gasto público de Argentina, a la luz del comportamiento fiscal de economías emergentes en las que la constitución de fondos fiscales anticíclicos convivió con un régimen de moneda internacionalmente estandard (la flotación), es una interpretación que hace de cuenta que en Argentina se hubiera establecido una flotación, y hubiera estado sujeta a la misma ciclicidad inherente a tal, en vez de haber estado moviéndose a partir de un régimen discrecional, prácticamente antagónico a dichas flotaciones³ (y con una ciclicidad completamente distinta).
Como se decía al principio, la separación de la teoría de las políticas de estabilización y la de los Regímenes Monetarios, es muy desafortunada.
Permitiento, por ejemplo, olvidar completamente las drásticas consecuencias de no dejar flotar la moneda (y en Argentina, ciertos impuestos) durante un período particular de la economía mundial, es decir, las consecuencias de colocar a un país en un régimen discrecional (cambiario-impositivo) en tal momento puntual, y confundir el eventual o subyacente patrón cíclico de ambos casos, para después establecer una identidad entre el momentum de sus posiciones fiscales (o parte de ellas).
Y permitiendo así, que el debate quede centrado en la aparente discordancia entre el momentum de las posiciones fiscales, en vez de dirigirlo a la esclarecedora y simple cuestión de la existencia (y consecuencias) de regímenes monetarios (incluyendo lo impositivo) totalmente alejados entre sí.
Aún cuando pudiera parecer irreal tratar de señalar el ciclo socio-económico desatado por la obstinación política en posicionarse en un régimen discrecional, y apuntar a una flotación monetaria como salida elemental, aún así la identificación de ambas macroeconomías como si fueran iguales, y la subsiguiente aplicación de una especie de única Teoría de Estabilización para ambos casos por igual, no hace otra cosa que confundir más todavía la simple dinámica real de las cosas.
En la Argentina reciente (sin flotación cambiaria ni impositiva), a diferencia de los emergentes con flotaciones y mercados libres, hubo dos patrones cíclicos contrapuestos simultáneos o bien, un patrón cíclico engendrado por el Banco Central más la política impositiva, sumado a y parcialmente a causa de un mundo que simultáneamente, aplica políticas de estabilización (de tasas de referencia) durante un momento (anclado en las políticas cambiarias de países de Asia) altamente expansivo.
Dichos emergentes, recibían mejoras en sus Tots y bajas en sus tasas de interés de largo plazo (Investment Grades, por ej.) simultáneamente al aumento de sus tasas de interés de referencia domésticas y la constitución de fondos fiscales anticíclicos (totalmente justificados en ése mercado-invertido, que ofrece bajísimas rendimientos a plazo y altisimos Tots y que le ofrece esos dos elementos a pesar de y gracias a esas dos políticas), mientras que Argentina recibía de su política cambiaria e impositiva, altas tasas de interés (con catastróficas consecuencias de sustituir inversión por consumo) y altos Tots, parte de los cuales (via su política impositiva) eran destinados a paliar las consecuencias de dichas altas tasas de interés, a través del aumento del gasto público, que sólo pudo oponer a la catastrófica caída natural de la inversión privada, una expansión del consumo, que nunca corrió el riesgo de ser hiperinflacionaria, pero que fué cada vez más inflacionaria en tanto requirió la continuidad de un régimen cambiario-impositivo que, asfixia financiera paulatina mediante, dejara correr la inflación de costos que padeció la economía, imposible de revertir sin cambiar el régimen (y sin embargo, el llamado tipo de cambio real se habría mantenido siempre aproximadamente constante, a pesar de lo cual, la economía fué desestabilizándose por asfixia financiera, privada en primer lugar, y sólo más tarde fiscal).
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De aquí puede observarse que la ciclicidad potencial en dichos emergentes, que era atajada por los fondos anticíclicos fiscales, consistía en la eventual estabilización del crecimiento de la tasa de inversión relativa a la propia del consumo (y que gracias a dichos fondos anticíclicos, que tendían a abatir la tasa relativa de crecimiento del consumo, pudo ser cada vez mayor), mientras que en Argentina, la ciclicidad fué completamente distinta.
Lo que tales emergentes trataban de evitar mediante fondos anticíclicos fiscales (dicha relación entre el crecimiento relativo entre la tasa de inversión y la tasa de consumo) después de aplicar subas de tasas de referencia que tenían el efecto de bajar las tasas de largo plazo (que podían, de no ser "controladas" por o através de tales fondos, dirijirse al consumo en vez de a la inversión), fué impuesto forzosamente en la economía argentina por la política cambiaria del BCRA más la política impositiva.
Mientras dichos emergentes, mediante dichas políticas, operaban en contra de una inflación de demanda (ciclicidad en dicho contexto) ante una deflación de costos impuesta por su régimen monetario, Argentina se encontró con una inflación de costos impuesta por el BCRA y su estructura de impuestos como punto de partida, ligada a una caída ex-ante de la tasa de inversión privada y a una aceleración ex-ante de la tasa de consumo privado, y enfrentó una ciclicidad completamente diferente (independiente de la inflación).
Esta última ciclicidad, la Argentina, consistía en que a la caída estructural de la tasa de inversión respecto a la de consumo, debida en definitiva a una polìtica monetaria contractiva por parte del BCRA (como se explica aquí, y anverso genético de su objetivo cambiario), se sumara una una estabilización de aquélla última*.
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Puesto que la política del BCRA e impositiva crearon una inflación de costos simultánea a la devaluación nominal de la moneda, queda en evidencia que la protección no pudo proceder de tal devaluación nominal de la moneda.**
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Es evidente que la protección efectiva fué aportada por el gasto público y su ritmo de crecimiento. Al contribuir a crear un mercado de consumo creciente, para paliar la caída de la inversión impuesta por la contractiva política monetaria del BCRA (e impositiva), es evidente que la protección industrial (por ej.) fué completamente dependiente del gasto público (ver dos párrafos arriba).
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En la medida en que se hubiera desacelerado el ritmo de crecimiento del gasto público, dada la inflación de costos impuesta por el régimen antedicha, y las altas tasas asociadas, el sector industrial habría perdido competitividad respecto de competidores externos que, como en el caso de los emergentes antedichos, experimentaban bajísimas tasas de interés y además de un ritmo no menor de creación de mercado interno en sus economías. De modo que cabe preguntarse sobre si ante la desaceleración del crecimiento del gasto público, en tanto no consistiera simplemente en una estabilización de la posición del superávit basada en un aumento de tarifas (que habría sido como un impuesto al consumo, y sólo hubiera redistribuido el ingreso entre sectores, redistribución que tampoco era sostenible en el tiempo pues nunca un impuesto al consumo puede ser indefinidamente utilizado para solventar los graves inconvenientes de un BCRA-cambiario junto a nada menos que otros impuestos), el sector industrial no hubiera reclamado un dólar nominal más alto que el precedente. (Ya tan temprano como hacia la mitad del pasado lustro, digamos, y no sólo en la actualidad; cuestión esta que evidencia que la esencia del problema sigue intacta y que en el fondo es en parte la siguiente: las industrias que no habrían sobrevivido a una expansiva flotación cambiaria-impositiva, y sectores sociales y políticos asociados, son capaces de lograr un fácil consenso para una política que pone en riesgo el trabajo sostenible de todos los habitantes del país, la estabilidad política, etc.).
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De manera tal que el aumento del gasto público, no sólo no tuvo efecto alguno sobre los precios, sino que en realidad, oficiaba como en el equivalente de una protección efectiva. De modo que la política de BCRA protegió a la industria sólo y exclusivamente en la medida en que, permitiendo recaudación, aumentara el gasto público para crear mercado***. --
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¹ Que incluye como un importante componente, aunque no sea el único, al Regímen Cambiario; y que debe incluir además, como se ha observado en Argentina, la estructura impositiva-elemento presente en la teoría de las Políticas de Estabilización, y su eventual ciclicidad.
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Si el que paga en última instancia las tasas negativas de interés es el BCRA, entonces el aumento del gasto público realiza, vía la creación de mercado, tal descuento de las tasas percibidas por el sector industrial. Si el gasto público se hubiera congelado, la caída de la protección al sector industrial, al congelar el ritmo de liquidez interna, hubiera presionado hacia el dólar, tanto como hoy lo hace. La solvencia del BCRA dependía, mientras fijara el dólar a 3, de la posibilidad y realización del aumento del gasto público (ver *). Ello tanto antes, como ahora. Mas información, aquí.
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2 de agosto de 2009
21 de junio de 2009
Folks?
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Dadas las singulares circunstancias de la economía mundial, la fiscalización del mercado cambiario (e impositiva) sin la fiscalización del mercado financiero (i.e: nacionalización de depósitos), condujo a dicha divergencia, con consecuencias socioeconómicas implosivas.
La alternativa a por la flotación cambiaria (liberación del mercado cambiario) e impositiva era, ante dichas circunstancias exteriores, una alternativa no implosiva (aunque hubiera cambiado el objetivo, o presunto objetivo central).
Sin fiscalización completa del mercado financiero, la liberación cambiaria-impositiva era la única opción no implosiva.
Con fiscalización financiera completa, la intervención cambiaria-impositiva podría haber dispuesto de un perfil mucho mas benigno en relación a la convergencia en cuanto al destino de la colocación del ahorro de la economía.
Esto plantea la cuestión de que el primer peronismo histórico habría sido mucho mas coherente con los objetivos que se planteó, que este último peronismo.
También, ilustra el hecho de que, en las circunstancias mundiales antedichas, la llamada estrategia de "tipo de cambio real competitivo" no tenía asidero alguno mientras no involucrara, como en el primer peronismo histórico, la fiscalización de la curva de rendimientos a la par de la fiscalización-intervención cambiaria-impositiva (i.e.: nacionalización de depósitos, estatización gradual del mercado financiero).
Se ve fácilmente que la fiscalización del mercado cambiario fue totalmente incompatible con un mercado financiero de libre concurrencia.
Por esto, el debate estatización-no estatización, resultó y resulta completamente absurdo al abandonar la cuestión principal: estatización del mercado financiero (curva de rendimientos), mientras no se liberara el mercado cambiario; y focalizándose delirantemente en la estatización de cualesquiera otros patrimonios privados (no financieros), mientras se interviene el mercado cambiario.
Si las condiciones políticas para una fiscalización completa del mercado financiero no eran viables, entonces la intervención cambiaria (tipo de cambio real competitivo) era catastrófica y se debió haber liberado el mercado cambiario (e impositivo). Pero nada de eso ocurrió.
Dada la intervención cambiaria (e impositiva) para dicho contexto internacional, la única opción antiinflacionaria viable era la estatización financiera, evitando la ciclicidad catastrófica emergente del juego de una intervención cambiaria y un mercado financiero de libre competencia, ante las condiciones internacionales que tuvieron lugar (el período del llamado desequilibrio de los Fundamentals mundiales antes de resolverse en la gigantesca crisis actual).
Dada la libre competencia financiera, y dichas condiciones internacionales, la política de sustitución de importaciones basada (ilusoriamente) en la intervención cambiaria (e impositiva), era completamente inviable a mediano plazo.
La orientación marxista o laborista, e incluso industrialista, de los objetivos de la política económica del último lustro, requería la completa fiscalización financiera, para ser mínimamente coherente.
De modo tal que se abandonó una opción con coherencia entre objetivos y políticas, la flotación y liberalización del mercado cambiario y otros, implementándose una de abrumadora incoherencia entre ambos; y durante la cual, la creciente intervención en diversos mercados (tanto como la creciente presión impositiva), fueron completamente evasivas de la cuestión principal y por tanto, estériles y dañiñas. Y así, la creciente intervención fue dañiña por eludir la cuestión capital y no per se.
Esto no equivale en modo alguno a una defensa de la intervención. A una defensa de la intervención per se. Toda defensa de políticas per se, cuando no recaen simplemente en el absurdo y su vehemencia, puede ser a lo sumo un mero criterio de orientación política génerica o general, es decir, algo completamente irrelevante a la hora de decidir la política en particular en momentos puntuales del curso puntual de la economía del sistema internacional. Simplemente equivale a una defensa de un mínimo de coherencia entre las partes de la politica: si se intervino el mercado cambiario, durante las mencionadas circunstancias exteriores puntuales, se debía intervenir completamente toda la economía (sobre todo financieramente); si esto último no era viable, se debía aceptar una flotación cambiaria y una liberación de los mercados principales.
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La ingeniería económico-social del primer peronismo histórico (aun cuando reveló ser de alto riesgo y costo a mediano plazo), fué sin embargo sobradamente mas coherente que la reciente; y en este contexto comparativo, lo mismo aplica a las pretendidas doctrinas industrialistas actuales, intervencionistas actuales, estatistas actuales, etc., cuya coherencia interna es nula en tanto omiten todo concepto en relación a la curva de rendimientos, cuestión fundamentalísima en cualquier economía moderna y por lo que debe analizarse y plantearse, por así decir, con prioridad absoluta a cualquier otra.
Sin una curva de rendimientos controlada (autocontrolada, ó por fiscalización, ó por intervención factible de un Banco Central según el régimen monetario fáctico), toda devaluación corre el riesgo de ser absurda (o llanamente una expropiación), toda estatización (de patrimonios privados no financieros) absurda y una dilapidación de la hacienda nacional en pos de los objetivos peor diseñados imaginables. El equivalente de recolectar los frutos alguna vez concebidos, y arrojarlos al fuego.
Toda discusión acalorada, fué y sera el preludio para recolectar tales frutos y arrojarlos una vez más al fuego. Sectores sociales como el agrario, han recibido el agravio procedente de la conflictividad irremediable que presento la elocuente contradiccion en el diseño de la politica.
Es completamente anómalo y perjudicial obligar cada vez mas a cada vez mayor cantidad de personas a empujar un automóvil que no tiene una sola gota de nafta; el automovil no arrancará, nunca irá en la dirección deseada. Esa dirección trunca ha sido a causa de las cuestiones del sistema financiero antedichas. El temprano diseño de la maquinaria ha sido mas artístico que de ingeniería, y el análisis posterior, ideológico y no técnico o cientítico.
Al General, con todos sus desatinos y errores, no se le habría pasado por alto el grueso error de diseño en la temprana devaluación-postdevaluación.
Las discusiones económicas y políticas observadas en el último lustro y las actuales parecen salidas de un vago onirismo, en el que la vehemencia de los comités, lobbys, el pueblo, etc. hace todas las veces de pre-juicio, lo que aplica además, para los autodenominados intelectuales de cualquier vertiente.
Todo esto, además, habla de la historia del partido justicialista, que al parecer, se habría alejado de las instancias de fuerte apuesta y riesgo en materia de transformación social, al costo de asumir posiciones intrínsecas harto incoherentes, que de ningún modo se observaron en el pensamiento del General Perón. Y por ende, llama la atención hacia la cuestión de qué clase de historiografía ha sido aquella del Peronismo para consigo mismo, en la que cuestiones medulares como la antes señalada, no recibieron mención alguna durante mas de 5 decádas..
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Al mismo tiempo, llama a mirar con desconcierto al planteo de la autodenominada izquierda que al parecer, tanto como el peronismo en vigencia, desconoce la coherencia interna de la (preconcebidamente riesgosa) tecnología del peronismo del General Perón.
E igualmente con extrañeza, al de la autodenominada derecha. De modo tal que, con una escuela como la del General en el haber, el país se encuentra con comités de adherentes a unas políticas de la derecha peronista (so called) que establece el ideario de un neo-industrialismo basado en la incoherente aplicación de una intervención del mercado cambiario sin intervención de la curva de rendimientos desde el principio (ideario defendido en términos de una imposible estrategia de tipo de cambio real competitivo), así como adherentes de una izquierda peronista, que pasando nuevamente por alto dicha lógica elemental (de un peronismo inicial que con tal de realizar transformaciones de magnitud, no reparaba en el riesgo político, social, etc.), descarga en sectores básicamente extraños, el costo que nace en el hecho de dejar en libertad la curva de rendimentos (sistema financiero), mientras se intenta (vanamente) realizar con éxito una intervención tal que permita el logro de ciertos objetivos.
De modo que esto lleva a preguntarse a qué podría haberse debido la degradación del riesgoso pero inteligente peronismo del General, escindiéndose en dos ramas tan conservadoras como intelectualmente fallidas, las denominadas derecha e izquierda peronista, que no casualmente adquirieron en esa lamentable conversión, dos adjetivos (derecha e izquierda) que eran incompatibles (por lo menos, en el anhelo) con el peronismo de Juan Domingo Perón.
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10 de junio de 2009
Lado-B
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Como se ha mencionado con anterioridad, la curva mundial de rendimientos se invirtió (por los mercados de capitales y los Bancos Centrales) desde aproximadamente 2004. En ése contexto, que no está contemplado en ninguna teoría formal ni informal de macroeconomía (salvando los textos de Leijonhufvud), sucedió lo siguiente.
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La inversión de la curva mundial de rendimientos (una de cuyas dos contracaras puede considerarse como un cierto alcismo en un conjunto muy heterogéneo de bolsas), adoptó una forma bastante concreta respecto a la estructura preexistente de interrelación entre las monedas.
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La inversión de la curva provocó la devaluación del Dólar (hasta antes de la crisis actual) en el sentido preciso de que las monedas en flotación (i.e. metas de inflación) recibieron con políticas de aumentos en las tasas de referencia (y por consiguiente, de los spreads contra las del Dólar) el componente de alcismo generalizado de la inversión de la curva mundial que, teniendo por epicentro a cierta interacción entre los Estados Unidos y la República de China (i.e.), habría ido efectivizándose con continua antelación, en el resto de los países (no epicéntricos).¹
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Esa continua antelación en el efecto, y los spreads de tasas resultantes, que puede parecer una profusa lluvia de huevos (una huevada), se relacionó con el crecimiento exponencial de los costos sociales (además de y por el de los de producción y, desde estos, los fiscales) de las políticas de Argentina.
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² El gasto público no tuvo ningún efecto no neutral sobre la (inexistente, salvo definida de modo completamente ad-hoc) demanda agregada, ningún efecto no microeconómico en el último lustro.
El logro de objetivos políticos como los laborales, etc., debería perseguirse bien por fuera de la alternativa a entre gatillar la economia en un sentido industrialista o en un sentido contrario. Si bien dicha posibilidad puede resultar de complejísima resolución en lo hechos (políticos) concretos, también es astronomicamente descabellado y tecnocrático buscar su emergencia a través de una sucesión indefinida de regímenes marxistas seguidos de regímenes ultra-liberales.
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7 de mayo de 2009
Educación Maynard et. al (Iluminatios)
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Interesantes temas como teoría de Keynes.
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http://esepuba.wordpress.com/
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16 de abril de 2009
Titanes en el Ring
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27 de marzo de 2009
σ
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¹ La coexistencia de inflación y una trampa de liquidez no es casual. En realidad, la unidad de cuenta (y riesgo) implícita (que no ha sido el dólar) causó dicha trampa de liquidez y por esa misma razón, el peso perdió valor o poder adquisitivo.
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6 de febrero de 2009
res pública
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Yo creo que como vos sostenés, la eliminación de las retenciones hubiera probablemente permitido una baja en la tasas de interés en Argentina, pero ello hubiera sido consecuencia de la menor inflación derivada de la apreciación que habría experimentado el Peso con respecto al Dólar. Por supuesto que ello hubiera evitado la devaluación del Peso en relación a las demás monedas.
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HB: Sí, tal era mi argumento. El suyo, es también comprensible. En ambos, la apreciación del Peso hubiera traído un proceso de baja en las tasas de interés, digamos, a partir de una menor inflación (yo diría una menor inflación ex-ante).
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Recién ahora, con ése punto ya aclarado, puede expresarse otro punto que sería muy importante. La importancia se relaciona con que éste otro punto, ya esta ciento por ciento teorizado en Keynes.
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Para empezar, se podría decir que entonces, en tanto la no apreciación del Peso iba a causar un proceso de aumento en las tasas de interés (yo diría rendimientos, para hacerlo más Keynes), la no apreciación fue un esquema de política anti-Keynes (Keynes, por ejemplo, escribió nada menos que su libro de 1930-considerado por Friedman el mejor libro de Keynes, dedicado a oponerse a la revaluación de la Libra inglesa en 1925 a la paridad de pre-guerra, puesto que ello implicaba tener que aumentar las tasas de interés para sostener ésa nueva paridad (menor), y ello iba a implicar aumentos en toda la curva, caída de la Inversión interna y un proceso de deflación en Inglaterra.
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Resumiendo: no apreciar el Peso fue un esquema contrario al Keynes del Treatise on Money.
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Pero Keynes fue más lejos que eso, y años después agregó el análisis de la gestación y desenlace, del ciclo económico (lo que en macroeconomía debe evitarse, pues por definición consiste en comportamientos que se autodestruyen).
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De manera que la no apreciación del Peso, habría gestado un ciclo en la economía de Argentina; comportamiento que, por definición, se autodestruiría (razón por la cual habría sido anti-Keynes) y ello, por la variable central en Keynes, los rendimientos.
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El alza en los rendimientos, dicho en lenguaje Keynes, habría engendrado una acumulación del crecimiento impulsado por la mejora de los TOT, en torno a una burbuja (discontinua por definición) de Consumo y cuya contracara, en Keynes, habría sido el vaciamiento gradual del componente Inversión (privada)¹, ligado a los rendimientos.
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Pero de aquí, surge toda una sencilla perspectiva para la cuestión fiscal.
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Si el esquema iba a traer alzas en las tasas (o rendimientos), y a vaciar el componente Inversión (privada) del (alto) crecimiento, y todo eso por definición, entonces la solvencia fiscal a n-períodos vista estuvo amenazada desde el inicio, también por definición.
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Y ello explicaría que, como en el Keynes conocido, en el cual el gasto estatal debe operar para paliar el efecto de un proceso de alza en las tasas-rendimientos (Tal y ningún otro es el sentido de la política fiscal expansiva de Keynes: gastar más, cuando las tasas suben y el Banco Central nada puede hacer en contra, por causa de cierta resistencia bursàtil**), el gasto estatal haya aumentado como lo hizo, y cada vez más, en tanto el esquema subyacente (no apreciar) no fué modificado, razón por la cual el alza de tasas continuó y continuó (cada vez más cíclicamente, y así dando un mercado cada vez más consumista y con menos Inversión Privada, en términos relativos)¹.
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Así se llegó a que, por no cambiar el esquema subyacente, el gasto estatal haya tenido que aumentar (si se pretendía crecer) continuamente y, sin embargo, cada vez con un "multiplicador" más débil, digamos; por lo cual se atinó a aumentar los impuestos (125).
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Es decir, la raíz fue anti-Keynes, y se la intentó paliar (aunque vanamente y cada vez más peligrosamente) con mayor gasto estatal. Pero ésto último, en cierto sentido era anticíclico, o sea, paliaba los desmanes del esquema subyacente. Si el Estado hubiera ahorrado más y gastado menos, mientras el esquema subyacente continuara, se hubiera estado doblemente en contra del principio de la macroeconomía. Es decir, el énfasis no debe ponerse en el Gasto expansivo, sino en los efectos (ex-ante) de la no apreciación del Peso.
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** Apreciándose con respecto a las démas monedas.
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.v¹¹ Así se llega fácilmente a la observación de la relación entre microeconomías (endógenas) y Regímenes Monetarios (Flotación-No Flotación), algunas de las cuales-como demostró Keynes, son cíclicas y perecen.
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21 de enero de 2009
II
Durante los años de la pasada Invertida Curva Mundial de Rendimientos, con los principales Bancos Centrales del mundo involucrados en políticas de aumentos en las tasas de interés de referencia y al mismo tiempo, un prolongado auge en los mercados de bonos mundiales (posibilitado de algún modo por las políticas cambiarias de grandes países comerciantes de Asia, entre otras cosas) y sus efectos alcistas en mercados internacionales de commodities, etc., el establecimiento de altos impuestos a la exportación en Argentina habría sido la causa de la caída del denominado tipo de cambio real (concepto que en este blog está terminantemente prohibido por basarse en el concepto de nivel general de precios- siendo éste un concepto de escasa correspondencia real por faltarle a sus movimientos un "eslabón", pero que aquí se usará excepcionalmente).
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Es decir, la causa del comportamiento ascendente de los precios de la economía, por haber obliterado un comportamiento de las tasas de interés (en cualquier escenario cambiario) favorable a la inversión e importación de bienes de capital y en contraste, haber creado una curva de tasas excelente para un mercado consumista y al mismo tiempo, transformar cíclicamente la función de producción¹ de la economía y la sociedad, cada vez menos operativa en base a bienes de capital e incorporando entre otros elementos, una indolente cíclica burbuja en inmuebles a dicha función.
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Mientras todos los Bancos Centrales durante años corrían hacia arriba sus tasas de interés de referencia y mientras aumentaban los términos de intercambio, la función de producción (componente de la demanda efectiva) de Argentina se movió irreversiblemente en dicha dirección, por causa de altos impuestos a la exportación.
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En tal contexto tuvo lugar la política de gasto fiscal, con aumentos continuados año a año. No debe sorprender una política fiscal expansiva cuando la economía está importando alzas en las tasas de interés desde la economía internacional (y transformado su función de producción-componente de la demanda efectiva, en un sentido inconveniente), por causa de una configuración inicial basada en niveles de gravamen al comercio internacional en un mundo con "inversión" en su curva de rendimientos.
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O sea, una política fiscal keynesiana para limitar la destructiva dinámica de una configuración inicial antikeynesiana.
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De aquí, la cuestión de si la única desaceleración del gasto fiscal compatible con el objetivo de una corrección del comportamiento de la curva de tasas (pleno empleo), no habría (años atrás) sido una tal que hubiera dispuesto de una corrección descendente simultánea en los impuestos al comercio internacional².
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¹ Ver los primeros párrafos de Expansión Mundial; Inflación y Retenciones argentinas.
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² Un proyecto de movilidad de las retenciones que protegiese la macroeconomía de Argentina, podría haberse basado (entre otros) en el siguiente criterio mínimo (mientras durase la inversión de la curva): ante una política monetaria mundial promedio o ponderada de alza en las tasas de interés, bajar las alícuotas de impuestos al comercio internacional y, a una política monetaria promedio o ponderada de baja en las tasas de interés, aumentar dichas alícuotas.
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16 de enero de 2009
6 de diciembre de 2008
La Invertida Curva Mundial de Rendimientos
En ese singularísimo contexto del mercado mundial, involucrado en una política generalizada de alzas en las tasas de interés del dinero por razones ligadas al ciclo económico-financiero mundial, el sistema financiero de Argentina y su economía crearon un nuevo mercado postdevaluación.
En este punto, conviene recordar la teoría del economista J.M.Keynes. En esta teoría, el corazón o núcleo consiste en administrar lo necesario y suficiente para que las tasas de interés de largo plazo (rendimientos de los títulos, bonos, etc. ) de las que depende la inversión interior, se mantuvieran lo suficientemente reducidas para las condiciones internas existentes. Tal es así, que Keynes llegó a entrever una justificación a las pretéritas políticas del mercantilismo, con base en sus objetivos últimos en términos de mantener razonablemente acotados esos rendimientos gracias a la afluencia de metales (o posiciones metálicas en la Banca), ante la probable dificultad de llegar a ello por otros instrumentos, en tales épocas de escasa técnica y comunicaciones.
En principio Keynes propuso la utilización de la administración por el Banco Central, de las circunstancias necesarias para mantener cierto nivel suficientemente bajo en aquellos rendimientos y, si las circunstancias evolucionan dentro de tal o cual contexto, que pueda el Estado tomar transitoriamente la tarea en su agenda política.
Ahora, reconsiderando la singular situación que enfrentó la economía de Argentina en sus últimos años, puede plantearse el interrogante acerca de cómo habría podido Argentina conducir su economía de modo de lograr el objetivo central en la teoría de Keynes (unas tasas de interés del capital o rendimientos, lo suficientemente reducidos) durante un período de la economía internacional en que predominaron los ciclos de alzas de las tasas de interés por los principales Bancos Centrales, y al mismo tiempo y entre otras cosas, auges en diversos mercados, en lo que se conoce como curva invertida de rendimientos.
Después de observar los elementos relevantes, se desprende por mera deducción o inducción, que quizas la única manera de que disponía para evitar ("importar" del ciclo internacional) el alza en los rendimientos relativos de largo plazo en su propia curva de rendimientos (alza que efectivamente tuvo lugar causando enormes daños a la economia argentina), se encontraría en la eliminación de las retenciones a la exportación y sería totalmente dependiente de ella.
Cuando todos los principales Bancos Centrales están aumentando las tasas nominales de interés del dinero, y mientras opera un auge en los precios de diversos mercados, no habría manera más elemental de desintegrar la "importación" de las alzas en las tasas globales de interés del dinero hacia las tasas interiores del capital, que liberando todo lo posible el mercado de aquellos contratos (bienes) en los que el amplio alcismo internacional trae (para decirlo a grandes rasgos y sin los rodeos que serian necesarios sino) una situación de caída en las tasas de interés reales ex-post que se produce por una gran expansión simultánea de la liquidez para la posibilidad de (re)liquidación financiera (o secundaria) de dichos contratos simultánea a la paralela y continua alza en el precio internacional del subyacente, mientras las tasas nominales del dinero en todo el mundo están aumentando al unísono por obra casi concertada de todos los Bancos Centrales del mundo.
De tal modo que en el antedicho contexto de una curva mundial invertida de rendimientos, pocas cosas habría habido más contrarias a la teoría de Keynes que el establecimiento de retenciones a la exportación. Y ello se ha podido observar en las consecuencias de dicho establecimiento, en la caída de la inversión interna (distinta de una burbuja inmobiliaria para renta financiera) e importación de bienes de capital, debidas a los aumentos relativos en las tasas de interés más largas junto a la caracteristica líquida-preferentemente líquida de la cartera crediticia de la Banca del país, y que tarde o temprano afectarían a la solvencia fiscal.
Estos aspectos adquieren resignificación en la actualidad, cuando la curva mundial de rendimientos ya no es invertida sino normal, pero que ocurre ahora en simultaneidad a una reversión de todos los alcismos antes referidos, que ahora se convierten en bajismos.
En este contexto, devaluar el peso o no devaluar el peso, podría ser algo relativamente indiferente mientras se lo compare con la alternativa a entre seguir manteniendo impuestos a la exportación en un mundo con caída de precios y por ello, seguir importando alzas en las tasas de interés (ahora, de las de largo plazo mundiales o rendimientos), o acelerar la liquidez y el volumen de liquidez para la curva de rendimientos argentina en tal circunstancia, a través de una decisión en el sentido opuesto.
Sin plantear tal disyuntiva que haría a los fundamentos de la curva argentina de rendimientos, la devaluación solo servirá para que un gobierno pueda ganar un período adicional de elecciones, más allá del cual, el ciclo interno de suba de tasas de interés relevantes para la inversión y la importación de bienes de capital, seguirá operando y destruyendo los fundamentos de una economía al estilo Keynes, en la que el Estado está en equilibrio financiero y constitucional, y la economía no pierde dinamismo.
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29 de noviembre de 2008
Escandir
¹ La obra de Keynes llamada "Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero", se puede interpretar como "Teoría general de la ocupación y la Curva de rendimientos", puesto que interés y dinero, bonos y dinero, capital y dinero, constituyen cualquier curva de rendimientos en una economía moderna.
² La idea de fondo anticíclico durante una trampa interna de liquidez que es arrastrada por una enorme expansión mundial, debe confrontarse con dicha trampa de liquidez, y con el hecho de haber podido bajar la tasa de crecimiento real para un arrastre exterior dado, sólo para poder deflacionar parte de la inflación interna (que fue exógena al gasto estatal e importada en cierto sentido de Brazil y a causa de dichos precios relativos iniciales: el peso después de devaluarse contra el Dólar, siguió devaluándose contra todas las demás monedas relevantes del comercio exterior y el arbitraje internacional de tasas de interés que éste dispuso y creó); es decir, habría sido equivalente a preservar el conjunto recesivo de precios relativos iniciales, y simultaneamente abatir parte del impulso del arrastre internacional y así deflacionar. De modo que habría protegido dichos precios relativos, al costo de imposibilitar la entrada del impulso del arrastre internacional a toda la economía y el país, deflacionándolos.
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24 de octubre de 2008
18 de octubre de 2008
El País
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¹ Durante un período relativamente largo de alzas en las tasas de interés del dinero en el mercado de Brazil- mercado de colocación de manufacturas argentinas y/o mercado manufacturero de producción que Argentina puede dejar de comprar-sustituyéndola, el arbitraje internacional de tasas de interés crea una Resistencia sobre el mercado de capitales del ISI debido a que tales alzas crean una presión deflacionista en diversos mercados reales de Brazil por la que aquellos mercados competidores comerciales con el ISI de Argentina pueden obtener reducciones en sus costos reales tales, que determinan automáticamente aumentos en el riesgo de los emprendimientos del ISI de Argentina, y a través de esta circunstancia, la base de riesgo en la que se fundamenta (la valuación en) el comportamiento del mercado de capital para el mercado argentino queda trasladada en su aumento, creando tal resistencia del mercado a mejorar ascendentemente la valuación del ISI más alla de cierto nivel aún durante la gigantesca expansión de los términos de intercambio del país, imposibilitando y/o destruyendo la capitalización del ISI impulsado politicamente (antagonismo dañino que se ha observado muy claramente, en la emergencia de cierta burbuja inmobiliaria-financiera para una política económica que se ha denominado a sí misma industrialista).
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13 de septiembre de 2008
Prize Theory
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Economistas de la Universidad de La Plata Espacio sobre economía con un enfoque selectivo de temas y metodologías.
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Finanzas Públicas Espacio sobre economía y temas afines, cuya diversidad de opinión y editorial lo convierte en una suerte de periódico especializado online.
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3 de septiembre de 2008
Los precios en Argentina
² El ciclo de expansión no comenzó debido a bajos niveles de precios iniciales (tipos de cambio reales), sino debido a bajas tasas de interés internacionales iniciales tales que permitieron aumentar la demanda de dinero y la oferta endógena de dinero (o sea, el volumen de los mercados fiduciarios cada vez-periodo a periodo, ante niveles de precios financieros endógenos dados-tasas y tasas relativas, incluso crecientes periodo a periodo) a altísimos ritmos dinámicos.
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30 de agosto de 2008
La nueva unidad de cuenta
La unidad de cuenta impuso altas tasas largas en Reales (y crecientes) y así una inflación (importada) de costos, pero el aumento de los términos de intercambio impuso bajísimas (y crecientemente bajas) tasas cortas en Reales, por lo cual tanto la demanda agregada nominal como la oferta agregada nominal pudieron aumentar enormemente, ambas en igual cantidad, y así aumentar con gran ritmo la oferta real y la actividad real.
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